Hacia una teoría monetaria de la producción. Un artículo a propósito del libro de Louis-Philippe Rochon:
"Credit Money and Production. An Alternative Post-Keynesian Approach", .
Louis-Philipe Rochon. Edward Elgar 1999.

El dinero es uno de los campos del análisis económico que mejor caracterizan a la corriente postkeynesiana ( Post-Keynesian Theory, PKT). Si se me permite la expresión, es uno de sus puntos más fuertes, y de ello se deriva que a pesar de marcar claras diferencias respecto a la corriente principal de la ortodoxia, se produzcan a veces "sorprendentes" acercamientos de algunos destacados especialistas de esta última, impensables en otras materias de la macroeconomía. ( Ese puede ser el caso de Charles Goodhart, como más adelante se comentará).
Por lo demás, no creo que sea difícil dar razón de este hecho. Como hemos insistido en otras ocasiones, uno de los postulados básicos de la PKT es el realismo en los supuestos; y ese presupuesto metodológico resulta crucial en el análisis del dinero, en el que efectivamente las instituciones son determinantes y cualquier línea de razonamiento que se aparte ellas corre serios riesgos de perderse irremisiblemente. Alguien podría decir, sin embargo, que el realismo y las instituciones son también determinantes del análisis real; y yo estaría pronto a darle la razón, pensando en el ejemplo de la economía empresarial y las secuencias que en su estudio se contemplan; e incluso diríamos, más afinadamente, que el realismo de ambas es el que en última instancia apunta a su necesaria confluencia en una sóla síntesis teórica: es decir, al contenido del epígrafe que encabeza este comentario: Una teoría monetaria de la producción.
Todo esto es profundamente keynesiano; pero no se encuentra sistematizado en Keynes. La excesiva atención a la Teoría General, que no era sino un eslabón más, por importante que fuera, en una cadena que tuvo continuación,explica en gran medida el lento y difícil desarrollo de este cuerpo teórico y el fracaso de la revolución keynesiana y lo que Robinson llamó el "keynesianismo bastardo" de la síntesis neoclásica; cuyos representantes (Tobin, Samuelson, Modigliani,...) fueron y son keynesianos a medias. Pero explica aún mucho más que eso, pues como Rochon ilustra en este libro, también miembros hoy reconocidos de la corriente PKT no lo eran en realidad años atrás o no lo han sido nunca, porque no alcanzaron a asumir plenamente la concepción endógena del dinero. Minsky, el primer Kaldor, Davidson y Rousseas en Estados Unidos...forman parte de ese singular elenco. Lo que también ilustra el libro es que paradójicamente economistas a quienes no se les ha reconocido sus aportaciones monetarias, como Kahn y Robinson, destacaran inequívocamente por presentar rasgos teóricos más cercanos a lo que hoy es la parte central de la teoría endógena del dinero.
Todo esto es bastante natural: si uno sigue muy de cerca al Keynes de la Teoría General es muy probable que se pierda en aguas tan obscuras. Riesgo que reza también para los PKT, véase si no como ejemplo los problemas de una gran economista y gran keynesiana ( fundamentalista, como ella se reconoce) como Victoria Chick, tratando de explicar el trasunto de ese fatal artificio que es el multiplicador del gasto en su Macroeconomía según Keynes ( Véase la p.69 del .Capítulo II de "La financiación de una economía regional ", Tesis doctoral, Universidad del Pais Vasco-EHU, 1995).
Como prueba el adelanto de Kahn y Robinson, Keynes es una parte fundamental de la receta PKT, pero en su integridad, con sus manuscritos de Tilton de 1933 y con su motivo financiación de 1937, y además nunca como único ingrediente, sino aderezado con Kalecki, con el Marx de los esquemas de la circulación, con Schumpeter y, más modernamente con la escuela franco-italiana del circuito económico.

Precisamente, el enorme retraso acumulado en la formulación de una teoría del dinero se debió a una falta de pluralismo en el enfoque económico y a un reduccionismo del pensamiento de Keynes a la Teoría General. Lo mismo que en materia del multiplicador ocurriera con la crítica de Haberler; ocurrió en materia monetaria con la de Townshend ( un funcionario perspicaz, ex alumno de Keynes) que le advirtió de la irrelevancia de la ecuación cuantitativa con velocidad variable, una mera identidad contable sin importancia económica, que maneja conceptos de stock completamente ajenos a los flujos de caja de la circulación industrial.(Keynes, XXIX, pp.239, la cita de Rochon de la página 13 está equivocada). La historia posterior es bien conocida, porque aquellas notables insuficiencias del keynesianismo condujeron de forma natural al triunfo de la corriente monetarista de Friedman, con su formulación más rigurosa de la velocidad variable, de cuyos desastrosos efectos todavía no nos hemos recuperado del todo. En realidad, gran parte de las políticas prácticas de hoy no han abandonado el esquema monetarista, a lo que se añade a veces la influencia de la posición extrema de la inefectividad de la política de la mano de la nueva macroeconomía clásica.

Comenzamos esta nota hablando de escuelas porque el examen de las raíces es sin duda de interés, y es además parte importante del libro; pero lo hacemos con la idea de dejarlo rápidamente en un segundo plano para ir a los otros dos objetivos que se fija el autor y que son verdaderamente ambiciosos: fijar los conceptos y describir el edificio, esto es la teoría. En lo que sigue hago mi lectura de su aportación, aderezada y filtrada sin duda por otras influencias que se derivan de lecturas anteriores; pero que emergen en todo caso al hilo de lo que se describe en el libro.

Crédito y dinero
Contra lo que pueda parecer el dinero no es una cosa que está ahí, que se tiene o que se demanda pero que tiene existencia por sí mismo. En una economía con sistema financiero desarrollado, y aunque nos cueste reconocerlo, el dinero es algo vivo: se crea y se destruye por el comportamiento de todos y cada uno de nosotros a través del mecanismo del crédito y de sus eventuales amortizaciones. El dinero sólo nace con el crédito (cuando se usa), por lo que en última instancia como dice Schmitt, "el dinero es deuda que circula libremente". La consecuencia de lo anterior es que no existe un mercado de dinero como tal: una oferta y una demanda, y tampoco un precio. Lo que existen son mercados de crédito, que es algo bien distinto. Porque la demanda de crédito no es una demanda de dinero por sí mismo, sino una demanda de bienes, una atribución de poder de compra, como en el caso del empresario Schumpeteriano, para pagar salarios y materias primas o bienes de equipo, o también de las economías domésticas para satisfacer una necesidad de consumo o de adquisición de vivienda.
En el vértice de la pirámide del crédito está la relación entre el Banco Central y la banca, que es precio-aceptante, luego está el propio mercado interbancario y, finalmente, la relación de los bancos con las empresas y con las familias. Pero la imagen de la pirámide no debe llevar a confusión: la causalidad va desde la base de la pirámide hacia la cúspide. Nadie pide crédito con su coste consiguiente para ver si luego lo puede utilizar en algo, menos aún un banco cuyo negocio consiste en el manejo del dinero. Son las necesidades de producción y consumo las que activan los mercados desde la base y determinan el otorgamiento del crédito y la creación de dinero.
Para la ortodoxia, e incluso para el llamado "enfoque de cartera" keynesiano, es posible que las preferencias del público influyan en el stock de dinero, pero la oferta monetaria es en todo caso determinada exógenamente por la autoridad monetaria. Se trata del conocido mecanismo del multiplicador del dinero - tan fatal y erróneo como el del gasto - por el que el supuesto papel de la banca es el de expandir el dinero de alta potencia suministrado por el Banco Central en una proporción determinada por las ratios de reservas y encaje sobre depósitos. Nuevamente la insubstancialidad de una identidad sin significación alguna ha llevado a la entronización de un aritificio completamente inservible. Remito nuevamente al lector interesado al citado Capítulo II , para una más detallada justificación de esta valoración, recordando la divertida sátira de Goodhart acerca de cómo se pueden construir ecuaciones similares como " el multiplicador de patatas del gasto total". y también que el propio Charles E. Goodhart, sin duda uno de los grandes maestros de la teoría y de la política monetarias, ha resumido más recientemente el núcleo de la cuestión:

"Los economistas académicos siguen con esa curiosa creencia de que el multiplicador monetario es el que conecta la base monetaria de alta potencia con el stock de dinero. Suelen creer que ésta es la base de los mecanismos de la oferta monetaria y que es la forma en que las autoridades controlan la cantidad de dinero. En realidad las cosas son bastante distintas. Prácticamente todos los bancos centrales, incluyendo el Bundesbank, lo que hacen es modificar los tipos de interés a corto plazo para utilizar la influencia de estos tipos de interés sobre la demanda de crédito y sobre la demanda de dinero, y así controlar las expansiones monetarias. En realidad ningún banco central ha actuado nunca sobre el control de la base monetaria, con la posible excepción del Banco Nacional Suizo, ya que éste opera bajo circunstancias muy especiales. Creo que la base monetaria no puede ser controlada directamente por varias razones". ( El Estado actual de la Macroeconomía. Conversaciones con destacados macroeconomistas, Carlos Usabiaga, Prensas Universitarias de Zaragoza,2002, p 206)

Lo curioso es que hoy en día, todo el mundo sabe que los bancos centrales fijan el tipo de interés y que no se puede fijar a la vez la cantidad y el precio, y quien más o quien menos recuerda incluso de su experiencia ( ocurrió en España en los noventa) que a veces el Banco ha usado hasta el extremo el tipo de interés que en la más absoluta impotencia acaba rogando al sistema bancario que contenga el crédito. Todo el mundo lo sabe, menos al parecer los economistas académicos. Los bancos prestan y luego se procuran las reservas a través de las facilidades de crédito que no pueden ser negadas en última instancia por la autoridad monetaria: es decir el multiplicador se lee en senrido contrario desde los depósitos a las reservas, y por supuesto los valores de los parámetros son magnitudes ex post sin valor predictivo alguno. Exactamente la misma historia que con el multiplicador keynesiano del gasto.
Dentro de esos economistas académicos estarían también los proponentes de una endogeneidad en sentido débil, el enfoque de cartera de algunos teóricos postkeynesianos y neokeynesianos, que sigue pegado a la velocidad variable de la Teoría General, y por lo tanto sin haber llegado a la reversión del mecanismo de causalidad. Por lo demás, las características básicas de la teoría endógena están bien establecidas y Rochon las resumen perfectamente en las cinco siguientes:

    1. La causalidad entre el dinero y la renta va desde las expectativas de ingresos a la demanda de crédito, al dinero y luego a la renta efectiva.
    2. Los créditos hacen los depósitos: los bancos ( el sistema entero) no prestan el dinero que tienen, sino que tienen el dinero que prestan.
    3. Es la inversión la que determina el ahorro. Las empresas deben financiar el gasto antes de que el ahorro haya visto la luz.
    4. El tipo de interés es exógeno y no está determinado por un mecanismo de oferta y demanda
    5. La cantidad de dinero está determinada por la demanda y dirigida por el crédito

A partir de ahí, puede decirse que hay una controversia que colea acerca de la forma de la función de demanda de dinero, es decir, de la horizontalidad de la misma para el tipo de interés exógenamente determinado por el Banco Central. En torno a esa cuestión que evoca una referencia imprescindible en el desarrrollo de la teoría monetaria (Basil Moore:Horizontalists and Verticalists. The Macroeconomics of Credit Money,Cambridge University Press, 1988) se han producido reproches, como el del mismo Goodhart que se pregunta si Moore no se ha vuelto demasiado horizontal. En cualquier caso, el debate tiene una enjundia menor porque no cabe duda de que la oferta tiene que ser horizontal para un tipo dado exógenamente, lo que no significa que no vaya a variar con el tiempo ya que no puede ser insensible los movimientos de la economía y de la demanda crédito y de las consiguientes reservas. Como reconoce el mismo Blinder, un economista con experiencia de banquero central, el tipo de intervención está predeterminado dentro del mes (Rochon, p.258), que es lo mismo que decir que aunque el tipo pueda variar en el tiempo, ello no significa que exista una oferta creciente, porque como podemos observar en la práctica, a veces se producen cambios en las expectativas y donde se esperaba una inminente subida de tipos se produce una bajada. En estos momentos en Europa - setiembre de 2002 - estamos viviendo una de esas situaciones, ya que hasta llegado el verano los analistas ( no todos, afortunadamente) daban por descontado ( recomendaban) una subida del tipo de intervención del Banco Central Europeo desde su nivel del 3,25%, que luego no se ha producido y que o mucho cambian las cosas o debe ir camino de convertirse en reducción.

Así pues, el cuerpo general de la teoría endógena está bastante bien establecido; pero lo que resulta más complicado es desvelar las implicaciones reales de las cinco proposiciones anteriores que la resumen, y sobre todo buscar la manera de articularlas en un modelo de la economía empresarial o capitalista que integre la producción y el sistema monetario: esto es, caminar hacia el segundo objetivo del que hablábamos más arriba de construir el edificio, o en otras palabras lo que nosotros hemos denominado "Teoría monetaria de la producción". Hacia este punto dirigimos la atención en los siguientes apartados.

El circuito económico
El circuito económico de la economía empresarial comienza con una apuesta sobre el futuro que se basa en expectativas a corto plazo, esto es, las ventas que cabe esperar en el periodo de producción, y en expectativas a largo plazo que determinan la realización de las inversiones, y en que los ingresos permitirán la cancelación de la deuda y la generación de beneficios. La economía monetaria se activa desde el mundo real, lo que constituye el núcleo de la endogeneidad, es decir, que el dinero viene a nacer por las necesidades de financiación de la economía no con una existencia independiente que sólo es posible en un mundo de dinero mercancía como lo fue históricamente el de los metales preciosos.
La financiación, además no tiene nada que ver con el ahorro; como dice Keynes (Keynes XIV, 2ó7), el ahorro no ha visto todavía la luz cuando se pone en marcha la producción y no puede ser por ello la fuente de financiación. Téngase en cuenta que el ahorro es un flujo resultante de ingresos y gastos, y que no tiene nada que ver con los depósitos de la banca, por más que en la concepción popular se confundan ambos conceptos. El dinero que existe se debe a una deuda anterior, y en cuanto tal no sabemos si es ahorro o no lo es; lo único que sabemos es que tiene su origen en una deuda y que a menos que la misma se cancele seguirá existiendo, sin que su transformación en otros activos consiga por sí misma que se reduzca su importe. La teoría monetaria es así plenamente coherente con el núcleo de la revolución keynesiana que sitúa a la inversión como motor económico y al ahorro como subordinado a ella. ( sobre este punto puede verse el artículo El proceso ahorro inversión en una economía moderna: el caso de la economía vasca) o más extensamente el citado Capítulo II). Sin la financiación uno puede ahorrar ex ante, ex post, hasta que se le ponga la cara azul, como decía Keynes, sin conseguir activar la expansión económica. Además, la financiación crediticia se necesita no sólo para una expansión de la producción, como se desprende implícitamente de Keynes y quizá también de algunas de mis citas, siino que como certeramente apunta Rochon ( p. 27 y 32) también es imprescindible en un estado estacionario. Desde el momento en que la producción precisa tiempo y es hay que cubrir el gap existente desde que se compran las materias primas y se abonan los salarios hasta que se obtienen los ingresos por la venta de la producción. Por ello, incluso en una economía sin crecimiento el crédito seguiría siendo necesario para cubrir ese lapso temporal y poner en circulación las rentas que luego han de servir para retirar la producción, pagar los intereses y volver a solicitar financiación para inciar un nuevo periodo de producción.

El problema con esta descripción del circuito económico, en la que es imposible no recordar, como hiciera el mismo Keynes, los esquemas de reproducción de Marx, es que se suscita la cuestión de los beneficios. Si los emprendedores ponen una determinada cantidad de rentas en el mercado a consecuencia de la puesta en marcha de la producción, lo que cabe esperar es que a lo máximo obtengan colectivamente unos ingresos equivalentes, con lo cual no hay lugar para el beneficio. En el debate habitual siguiendo a Kalecki se plantea como un modelo de dos sectores - consumo e inversión - en el cual los beneficios del primero son equivalentes a los salarios pagados en el segundo, mientras que son nulos en este último. Sobre este punto Rochon se pronuncia a favor de la solución de Secareccia y Parguez de que para completar el modelo lo que interviene es una financiación crediticia para la inversión, en detrimento de la posición de Zerbato de que se precisa abrir el modelo de alguna manera para darle una respuesta satisfactoria.; esta última en línea con una larga tradición marxista sobre el imperialismo en la que destaca Rosa Luxemburg.

Aun sin conocer del todo la fórmula en que se expone el argumento del crédito a la inversión de Secareccia y Parguez, creo que de no completarlo se corre el riesgo de volver a despachar una gran cuestión con un argumento que puede ser reconducido a los de toda la vida: el recurso al crédito y al atesoramiento como mecanismos de debate del problema de la demanda efectiva son tan viejos como la teoría económica, y los manejó Keynes en su esquema contenido en los borradores de 1933 encontrados en Tilton ( Keynes XXIX, p.92) para verse abocado a un callejón sin salida que abandonó a favor del erróneo multiplicadore del gasto.Para discutir la cuestión y tratar de avanzar, vamos a partir del "banco de pruebas" del modelo de una mercancía - modelo AL -cuyo núcleo se puede seguir en el breve papel Tasa de beneficio y crecimiento económico, para a partir del mismo seguir libremente pues no cabe duda de que el mismo adolece también de una débil integración de los factores monetarios y reales como vamos a ver enseguida.
Cuando vamos a explicar el circuito económico partimos del supuesto de que existe un capital originario en parte físico, K, y en parte financiero, F, que no importa que se tome como originado por el crédito bancario en su totalidad porque a los efectos de la teoría central no es relevante. La existencia o no de K plantea el problema de la amortización pero podemos obviarlo entendiendo que el resultado empresarial es bruto, lo que se entiende por cash flow o si se quiere ese extraño ebitda que hoy domina los mercados de valores. Con el capital financiero suponemos que se pagan salarios y también materias primas y otros bienes, pero todos estos últimos desaparecen al tratarse de un modelo integrado de una mercancía porque son transacciones input-output. Finalmente, los empresarios colectivamente no podrán obtener como ingresos sino el valor máximo de los salarios, con lo cual resulta evidente que no podrán valorizar el capital y atender a la amortización de los créditos.
Frente a la mera apelación al efecto del crédito como solución ( que tiene su contraargumento en el atesoramiento), en el modelo de la economía empresarial de Tasa de beneficio y crecimiento económico se plantea la idea de que lo que pasa es que en cada periodo de producción hay producciones que están en curso de maduración y generan rentas salariales pero no se presentan al mercado, dando vía así a la vieja intuición de W. S. Jevons de que la causa de las mareas comerciales " parece radicar en las proporciones variables que el capital dedicado a inversiones permanentes y remotas guarda respecto al que sólo es invertido para que se reproduzca con rapidez". Ese tipo de bienes de varios periodos de producción serán seguramente bienes cuya vida abarcará también varios periodos (capital).El productor incurre en cash flow negativo al principio porque el periodo de maduración es largo, pero con el tiempo será reembolsado en varias ejercicios o de una sóla vez, en cuyo caso será el comprador el que corre con los resultados negativos, que luego compensará durante la vida útil del bien.
Ahora bien, debo reconocer que siguiendo este análisis percibo una laguna en el modelo AL ; y es que, al suponer que una parte de las producciones no se presentan al mercado ( las permanentes o remotas de Jevons) se prescinde de que en todo caso ello supone unos resultados negativos para ese sector, y de que consiguientemente las ecuaciones de beneficios y de precios no corresponden al conjunto de la economia, para la que el beneficio total seguirá siendo necesariamente cero. El modelo realiza una contribución positiva a la comprensión de la dinámica económica y apunta a la conveniencia de un cambio radical en los sistemas contables y estadísticos de equilibrio vigentes que no tienen en cuenta la duración de los periodos de producción y circulación de las mercancías y el hecho de que es la destrucción de las rentas salariales la que posibilita el nacimiento del beneficio. Pero cierra en falso el debate del beneficio porque sigue siendo necesario un sector inversor con pérdidas. De la misma manera, la hipótesis de una financiación mediante crédito de las compras de bienes de inversión adolece del mismo problema, ya que introduce un poder de compra desde fuera del sistema que no necesita ser rentabilizado en el periodo de producción. Al final Zerbato y la corriente marxista tienen más fundamento del que parece a primera vista, que por cierto nosotros siempre habíamos valorado en gran medida. Las implicaiones de todo ello son enormes porque nos estamos acercando a comprender todavía mucho más claramente los problemas de la demanda efectiva y su estrecha relación con el sistema monetario tanto desde una perspectiva histórica como desde una perspectiva actual.

Como sabemos bien, el Keynes del Tratado del Dinero sintió una gran fascinación por el aumento de la liquidez derivado del oro de las Indias como catalizador del crecimiento en el siglo XVI, discutió el papel de reliquia bárbara del patrón oro como inadecuado a las necesidades de una economía moderna y comprendió el papel del mercantilismo para mantener la ocupación a la luz de la Teoría General. Por más que su ataque taxonómico ( paso al modelo de dos mercancías: consumo e inversión) a la Ley de Say fuera más aparente que real, y que el Keynes que avanzaba en lo monetario retrocedía en lo real y viceversa, en una perspectiva global y junto a Marx y su escuela, es el economísta que más de cerca ha visto las entrañas del sistema empresarial o capitalista. Ese legado nos ha ayudadao ahora, a adentrarnos en el esquema monetario de la producción y a ver de forma directa que el crédito y el nacimiento de la deuda son consubstanciales con la viabilidad de una economía de mercado o capitalista. Por lo general, la deuda que emerge en el sector empresarial tiene que ver con la generación de rentas por la puesta en marcha de la producción, que presionan sobre los precios del conjunto de bienes que se presentan al mercado. Hay sin embargo otras deudas, debidas directamente a los consumidores, bien para la adquisición de bienes corrientes o de bienes duraderos, y existe también la deuda del sector público que puede materializarse en inversiones con efectos en la productividad del sistema o simplemente en inyecciones de rentas para sostener los niveles de vida de las personas o de las empresas.
Economía empresarial es tanto como decir economía del crédito y, por lo tanto, también economía de la deuda; ya que ésta se supone que tiene que avanzar pari passu con el crecimiento de la producción para no desencadenar procesos inflacionistas. Tales procesos inflacionistas se producirán cuando se produzca una mayor proporción de inversiones remotas sobre bienes corrientes, lo que en general se puede asociar a procesos de aceleración del crecimiento. Pero la presión surge del cambio de ritmo del crecimiento no del nivel del mismo, que en teoría puede ser alto sin que por ello exista una gran inflación, por más que en la práctica el comportamiento sea cíclico, es decir se registren aceleraciones y deceleraciones de las tasas de crecimiento. Sabemos también que en esta teoría monetaria de la producción, los procesos inflacionistas por la presión de la deuda no siempre se refieren a bienes corrientes; porque a menudo la demanda se concentra en los activos existentes previamente ( inmuebles y empresas) o en los títulos representativos de los mismos ( acciones), desencadenándose procesos especulativos inflacionarios, cuyo efecto es así mismo el generar rentas ( plusvalías), pero en este caso sin que medie un proceso de producción y una aventura empresarial. Debido a esta crucial diferencia, a esas rentas se las suele denominar "no ganadas", y aunque en principio nacen con el aumento de los precios de los activos, en su posterior vuelta al circuito económico influirán también decisivamente sobre los precios y beneficios del sistema.

La cuestión de la distribución
El enfoque del circuito no sólo es parte principal de la explicación de la producción, lo es también de la teoría de la distribución de la renta. Después de haber observado las deficiencias de la teoría neoclásica de la distribución es fácil sentir una natural inclinación a pensar que la distribución depende de fuerzas sociales y relaciones de poder, algo que hasta cierto punto parece de sentido común. Por eso debo reconocer que yo mismo me ví sorprendido por el hecho de que según el modelo AL de la economía empresarial los salarios quedaran determinados por la productividad y por lo tanto por la tecnología. La razón de ese resultado se puede exponer fácilmente: si partimos de que el producto total está dado por la capacidad tecnológica - eso es por AL , donde A es la técnica y L la fuerza de trabajo - una distribución sesgada en favor de los salarios (W) por encima de su eficiencia (A) se transforma en rentas que presionan sobre los productos y ocasionan una inflación de beneficios que neutraliza el efecto inicial. De la misma manera, una reducción salarial disminuye las rentas y deprime los precios manteniendo el salario real. Pero si el salario está ligado a la eficiencia, no ocurre lo mismo con el beneficio, que a diferencia de la parábola neoclásica tiene una base institucional o social que no guarda relación alguna con la productividad: depende de esa proporción que existe entre producciones permanentes o remotas (Jevons) y las corrientes que se presentan al mercado.Esos dos elementos relativos a salarios y a beneficios configuran la fuerza de gravitación básica que opera en un sistema puro empresarial, que es después de todo un sistema salarial, ya que el salario es el patrón de valor de la economía.
El modelo parte de una simplificación enorme de la realidad, pero los hechos estilizados que describe parecen tener un poder explicativo que no se desvanece por el hecho de que se introduzca una mayor complejidad. Su conclusión básica es que está dada la distribución entre beneficios y salarios, pero ello no impide que cuando abandonamos el modelo de una mercancía y pasamos al mundo con muchos sectores se abran múltiples posibilidades de poner en marcha juegos redistributivos tanto en lo que se refiere a la retribución de la fuerza de trabajo como a la formación de los beneficios empresariales.
Los salarios pueden estar fijados como promedio en línea con la productividad del sistema sin generar inflación; pero eso no significa que algunos o muchos de ellos no difieran por arriba o por abajo de sus respectivas productividades sectoriales. La nómina de salarios totales está dada, por encima de ella se enciende la inflación, los trabajadores pueden muy bien tener una idea aceptable de cuál es el correspondiente salario real colectivo, pero ello no impide que como certeramente observara Keynes, la fijación de salarios encierre un problema de salarios relativos, en el que subjetivamente los distintos grupos de trabajadores se posicionan unos en relación a otros. Ese juego redistributivo no sólo depende de la fuerza relativa de las asociaciones, ni de la razón de la productividad, sino también de una idea de justicia, que se transforma en una tendencia a repartir los beneficios del progreso tecnológico: por más que la tecnología de los peluqueros no haya cambiado en los últimos veinte años, su salario real no ha permanecido congelado. Este es como se sabe el argumento que subyace en el problema de la inflación dual.
De la misma manera, bajo nuestro supuesto de que las rentas se gastan, los beneficios no pueden ir más allá de la relación entre producciones de larga maduración y las corrientes, porque ésas son las rentas que exceden a las que se han pagado por los empresarios de las producciones que llegan al mercado. Pero la distribución de ese poder de compra será desigual entre los sectores productivos lo que añadido a las propias diferencias salariales determina notables diferencias en los beneficios sectoriales.
Así se resuelve la aparente paradoja de que todo el mundo considere, con razón, que la distribución de la renta depende del resultado de la negociación colectiva, y al mismo tiempo que cuando las presiones en la misma se generalizan se transforman en espirales de salarios y precios que son autodestructivas, y que no consiguen alterar la distribución de la renta entre salarios y beneficios.
La distribución, por lo tanto, está dada por la tecnología que permite a los trabajadores un nivel determinado de salario real, pero la distribución individual, que es la que a cada uno importa, es al mismo tiempo un juego redistributivo que se substancia en el mundo de las relaciones sociales. Naturalmente, a la luz de las complicaciones descritas en la formación de los salarios y beneficios, se comprenderá la gran dificultad que entraña para el sistema el logro de la estabilidad de precios, mucho más cuando la misma se defina como un incremento de precios no superior al 2%.
Además, hay que tener en cuenta que el esquema anterior se puede complicar aún mucho más con la existencia de activos reales duraderos y rentas generadas al margen de los salarios ( crédito al consumo o a la compra de esos activos). La inflación de los activos es una válvula de escape de la presión de la deuda y sus rentas, pero eso en una primera instancia, ya que en un segundo paso esas rentas no ganadas se suman al proceso de producción con los efectos consiguientes. Por si fuera poco lo anterior, ni siquiera hemos hecho referencia al tipo de interés, que es una variable que tiene extraordinaria influencia en la distribución de la renta entre la parte activa del sistema y los poseedores de riqueza financiera.
Pero, en fin, ya nos hemos extendido mucho con la distribución, y ya que hablamos de interés, se nos sugiere la conveniencia de volver al eje argumental de la teoría monetaria y de los contenidos del libro de Rochon, porque ya nos habíamos alejado bastante del mismo y no se puede representar Hamlet sin el príncipe de Dinamarca.

Banca y sistema financiero
La banca es sin duda el príncipe en esta representación por más que la hayamos denominado economía empresarial, en la medida en que sin crédito no puede desenvolverse y ponerse en marcha la economía empresarial. Su misión no es tan creativa y arriesgada como la de los empresarios, que se enfrentan a una radical incertidumbre acerca de cuáles serán sus ingresos. El sistema bancario otorga el crédito con un margen sobre su coste, se procura las reservas después a un tipo dado, y espera a que los empresarios cumplan sus contratos, confirmdo así un diferencial de precios y una cuenta de explotación positiva. La incertidumbre a la que se enfrenta es mucho más limitada; es verdad que tiene su raíz última en la del propio empresario, pues deriva de una apuesta por su futuro y solvencia, pero también que la misma se ve reducida por una serie de reglas prácticas y convenciones que se demuestran eficaces. Cuando las circunstancias cambian, o simplemente cuando se dan expectativas asimétricas acerca del futuro, se puede enfrentar a la incertidumbre racionando el crédito, restringiendo su actividad, exigiendo mayor retribución y mayores garantías.
La cuestión de la asimetría de información y el racionamiento del crédito son los puntos centrales de la llamada "nueva economía keynesiana" (New Keynesian Economics, NKE), cuya aportación es objeto de examen en un capítulo específico del libro de Rochon. No cabe duda de que esa aportación ha contribuido a un mejor entendimiento de los mercados de crédito y , en particular a la existencia de ese trade off al que se enfrenta la rentabilidad bancaria entre la fijación de unos tipos crecientes que aumentan su oferta y beneficios y el hecho de que a medida que eso acontece la calidad de los prestatarios desciende, lo que lleva por encima de cierto nivel a limitar la oferta porque su impacto se vuelve negativo. No obstante, también hay que considerar la crítica de PKT, que pone de relieve que el argumento presupone que todos los potenciales clientes son percibidos ex ante en iguales condiciones, lo que lleva al racionamiento, cuando justamente la tarea de los bancos es precisamente la de eliminar la asimetría de información a través del conocimiento de los prestatarios. Incluso puede ser discutible la misma idea de que es posible calcular el nivel adecuadao de racionamiento y el tipo de equilibrio que maximiza la rentabilidad bancaria.
En cualquier caso, por interesante que sea la perspectiva de la economía de la información que incorpora la NKE y el papel crucial otorgado a los mercados de crédito, no podemos olvidar que en esa economía dirigida por el crédito la oferta sigue limitada por los depósitos y reservas el banca, es decir que sigue vigente el mismo mecanismo del multiplicador. Hasta tal punto ello es así, que llegan a sostener que cualquier incremento del ahorro supondrá una capacidad mayor de los bancos para extender el crédito: " casi todos los economistas creen ahora que un ahorro adicional llevará a largo plazo a una inversión adicional más que a una demanda agregada inadecuada" ( Mankiw, citado por Rochon, p.250-251). Es increible que un keynesiano diga esto, pero no por respeto al maestro, sino al sentido común: Mankiw nos tendría que explicar cómo se incrementan los depósitos por el hecho de ahorrar más. No cabe ninguna duda de que la NKE tiene poco de keynesiana y se inserta de lleno en el paradigma neoclásico, muy lejos del aparato conceptual y teórico que tratamos de describir.
En la concepción endógena del dinero, no hay ninguna razón de disponibilidad de fondos, por la cual se deba prestar a un tipo más alto cuando se expande la demanda como ocurre en la teoría de los fondos prestables. Ni tampoco que exista una limitación por la falta de recursos de capital, como argumentan algunos postkeynesianos, porque estos irán creciendo pari passu con la actividad.
Lo que si es cierto es que la que la banca tiene su propia preferencia por la liquidez como fórmula de responder a la incertidumbre, una preferencia extremadamente importante porque se manifiesta al comienzo del circuito económico e influye por ello decisivamente en la escala de la producción.

Las empresas en su mayoría dependen del crédito bancario y sólo las más grandes pueden recabar directamente fondos de otros mercados de bonos o acciones, que no son en puridad de crédito, porque en ellos no se genera nuevo dinero sino que se captan fondos creados previamente por una deuda anterior. En estos mercados, las empresas dependen no sólo de la preferencia por la liquidez de la banca sino también de la preferencia por la liquidez del público, que se manifiesta en un momento posterior del circuito económico, después de que la deuda ha circulado como rentas y se ha convertido en dinero. La mayor preferencia por la liquidez del público es menos importante porque no necesariamente supone un problema de "cierre del sistema", ni un obstáculo a la expansión de la actividad, sino que lo que hace es volver los procesos de financiación más indirectos, más bancarizados: la banca gana protagonismo si la gente se retira de los otros mercados.
La preferencia por la liquidez del público, por otro lado, no debe confundirse con la otra cara del multiplicador del gasto, como a veces se desprende de algunos keynesianos, eso será en todo caso una mayor preferencia por la frugalidad. La preferencia por la liquidez se puede manifestar sin restringir en absoluto los niveles de gasto, a través de decisiones sobre la forma de conservar la riqueza. Esas decisiones se suelen interpretar como una mayor o menor demanda de dinero. Sin embargo, la creación de dinero depende de un crédito previo, y el mero hecho de que aumente la preferencia por la liquidez no quiere decir que haya más dinero y menos bonos y acciones, sino que cambian sus precios relativos. En los episodios extremos de crisis de los mercados de valores se suele decir que la autoridad monetaria inyecta liquidez; pero hay que recordar que no se puede fijar a un tiempo precios y cantidades, y que lo que en realidad se puede hacer es atender a la demanda de liquidez primaria a un tipo determinado, que como cualquier crédito deberá responder a una demanda endógena del sistema económico. A veces se recuerda que el Banco Central puede inyectar dinero comprando títulos de deuda pública en poder de la banca o de las familias; pero esta operación tiene un efecto equivalente a las decisiones del Tesoro de tener sus fondos en la cuenta del Banco Central o en el sistema bancario privado. No cabe duda de que esas decisiones influyen en la liquidez en primera instancia, pero lo único que provocan es que el sistema bancario tenga que acomodarse posteriormente a las mismas utilizando para ello sus operaciones de crédito con el Banco Central: nadie va contar con una liquidez excedentaria que no es demandada por el sistema productivo, de la misma manera que una falta de la misma se deberá remediar a posteriori recurriendo a la autoridad monetaria. Si las operaciones de la autoridad monetaria se concentran en la deuda a muy corto plazo es evidente que se trata de un mecanismo parecido al de determinar el tipo de intervención; si por el contrario, interviene en el extremo largo del mercado lo que contribuirá es a cambiar la relación de precios, es decir los tipos a largo, que en principio no dependen sino de las expectativas de lo que serán en el futuro los actuales tipos a corto plazo.
No es normal que la autoridad monetaria trate de intervenir de forma directa en la curva de rendimiento plazo, más allá de las propias expectativas que genere con sus decisiones sobre los tipos a corto. La incertidumbre puede hacer que existan percepciones muy diferentes sobre el futuro y consiguientemente que haya gran variabilidad.Si se ha identificado la fase del ciclo económico, parece que la curva debería ser ascendente o descendente en consonancia con el mismo; aunque la práctica nos dice que el funcionamiento no es tan claro.
En cada momento el componente especulativo de los mercados de bonos y acciones es muy limitado. Si todos los tenedores fueran conscientes de la expectativa de una fuerte alza de tipos o de un desplome de cotizaciones todo el dinero estaría en posiciones liquidas, algo que es imposible: se trata del fetiche de la liquidez que tan bien comprendió Keynes.
En la realidad, los tenedores (en su mayoría) se ven suavemente atrapados en sus posiciones, de manera que una vez comienzan a perder y esperan, acaban perdiendo más y más y terminan esperando el cambio a medio plazo. No cabe duda de que esos tenedores pequeños estabilizan los mercados, que es una manera de decir que corren con las pérdidas que financian las ganancias netas de los especuladores, que hacen y deshacen posiciones frecuentemente,siguiendo todos los ciclos del mercado que son de diferente duración.

Un banco central interviniendo en el extremo largo del mercado debe ser un banco a la desesperada contrarestando una oleada de preferencia por la liquidez extrema. Pero más desesperado aún puede ser, como ocurre en estos momentos en Japón, que un banco central se esté planteando la adquisición de acciones del sector privado para sanear el sistema bancario, porque es difícil imaginar un edificio monetario que no se sostiene en la deuda pública - esas promesas de pago más sagradas que las propias promesas que encierran los billetes del banco central, como nos dijera Robertson - sino en títulos representativos de las empresas privadas.

A modo de conclusión
Los conceptos son un paso fundamental en el desarrollo de una teoría monetaria. El libro de Rochon, bien escrito aunque con una excesiva profusión de citas en el texto, realiza un extenso repaso a la literatura, integrando una gran pluralidad de enfoques que es lo que enriquece enormemente su enfoque y le permite alcanzar una definición clara de los conceptos básicos que se precisan para construir el edificio de una nueva teoría monetaria. En cuanto al edificio en sí mismo, su aportación es mucho más limitada, pero eso no tiene nada de sorprendente porque queda mucho camino por recorrer. Aunque el autor de esta nota ha volado demasiado libremente sobre el libro de Rochon, espero que el lector cuente con elementos suficientes para juzgar por sí mismo la utilidad y razonabilidad del enfoque de teoría monetaria postkeynesiano. En definitiva, de lo que se trata es de que los conceptos y esquemas teóricos ayuden a la comprensión del mundo actual y a avanzar propuestas adecuadas de política económica.Por ello, no puedo resistir la tentación de concluir con un comentario que enlace el mundo de la teoria con la realidad actual y los problemas más candentes.

La visión ortodoxa tiende a ver un mundo en equilibrio y a la deuda como una malformación del capital. En otras palabras, la teoría económica vigente, ( a lo que cabría añadir también sus sistemas estadísticos basados en esa fórmula de que Y = C + I , curiosamente tan keynesiana) sigue viviendo en un plácido mundo de equilibrio en el que Say y la ley de los mercados sigue campando a sus anchas. A pesar de lo absurdo del sistema por su falta de realismo y de lo evidente de sus fallos conceptuales, cualquier crítica es tenida poco menos que por desvaríos de iconoclastas y heterodoxos no integrados. Stiglitz en su Malestar en la globalización ha lanzado un duro alegato contra la profesión como uno de los mensajes centrales del libro: los fundamentalistas del mercado ( bolcheviques del mercado) no han entendido nada y hacen correr riesgos enormes a la sociedad global. Todo mucho más cierto aún de lo que este Nobel rompedor, pero keynesiano de la Teoría General a secas, llega a sospechar. No es sólo que las importaciones de unos sean las exportaciones de los otros, o que el gasto de unos sean rentas de otros, como argumento para criticar las políticas de austeridad a ultranza. La contradicción de la economía empresarial es mucho más profunda aún; el desequilibrio late en sus mismas entrañas y el crédito y la deuda son el instrumento indispensable que permite su funcionamiento. La gestión de ese mecanismo de la deuda, tan dado a los excesos como potencialmente generador de insuficiencias, es el principal reto de la economía de la globalización. La enorme deuda privada nos trajo el crecimiento vigoroso de los años noventa, pero se ha convertido en el problema del momento actual; la deuda, esta vez bancaria, es el terrible problema del Japón de la deflación; la escalofriante deuda global es el mayor problema de los Estados Unidos; el crédito y la deuda han sido y son el problema crucial de los países emergentes, en Latinoamérica y en el sudeste asiático; la limitación de la deuda pública es el problema de la Europa del euro; la deuda privada lastra el desarrollo de sus sectores de las nuevas tecnologías...
Para poner en orden todo esto, a nivel interno de las áreas económicas y también a escala global, es indispensable contar con un modelo teórico relevante, en la línea de lo que representa la PKT. Es necesario entender que la deuda no es una maldición en sí misma, sino al contrario, un instrumento insustituible para el crecimiento, y que de lo que se trata es de buscar su desarrollo compensado entre áreas geográficas y entre los sectores público y privado.
Qué lejos debemos estar de todo esto, cuando los fundamentalistas del mercado han llegado nada menos que a proscribir por ley el déficit público.

 

Alberto Alberdi Larizgoitia
29-09-2002

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