¿ QUÉ PASA CON LA INVERSION EXTRANJERA EN EUSKADI ?

Desde hace un tiempo tengo la impresión de que en algunos medios conservadores vascos ocurre con la evolución de nuestra economía lo que a una larga tradición izquierdista con la economía en general: experimentan una suerte de extraño regocijo cuando las cosas van mal. Entiéndanme no es que yo piense que ninguno de ambos grupos es tan malvado ni tan estúpido como para desear el mal ajeno, cuando el mal de todos es a la fuerza el mal propio.
Se trata más bien de un muy humano reflejo de autoafirmación que se satisface cuando es posible decir eso del "ya lo decía yo", reforzando una determinada posición ideológica, un interés político o un mero prejucio. Cuando eso ocurre, se interpreta rápidamente como una señal de que "para retomar el rumbo correcto - el que uno propone como tal, claro - hay que comprobar en la propia carne los terribles efectos de los errores cometidos".

Por ello, cuando la economía crecía de forma sostenida durante largos periodos de tiempo, los izquierdistas de antaño se quedaban de una pieza con su instrumental de la ley de la tendencia descendente de la tasa de ganancia, y los de hogaño incluso tienen que sufrir la petulancia de aquellos que desde el otro extremo proclaman, no se sabe si con ignorancia o con descaro, que ha desaparecido el ciclo económico.

No hace falta ser un radical marxista para pensar que el fundamentalismo de mercado puede conducir a un crash sin precedentes, como bien lo muestra el ejemplo de George Soros. Por las mismas razones y algunas más, derivadas de la enorme dependencia exterior de una economía pequeña, no hace falta ser un agorero para reconocer que podemos sufrir un revés en cualquier momento. Pero el problema parece que empieza a ser: ¿qué pasa cuando no es así, cuando una economía como la vasca presenta un ritmo de crecimiento sostenido a lo largo de más de quince años y ofrece espectaculares resultados relativos en términos de convergencia?. Pues que algunos comienzan a impacientarse y no pueden resistir la tentación de hacer un uso cada vez más tosco, menos informado y más equívoco de las estadísticas.

Cuando los datos son francamente positivos, simplemente no merecen ser comentados: así no es noticia que Euskadi sea la primera Comunidad en usuarios de Internet, como confirma la nueva oleada del EGM de noviembre, o que los hogares vascos tengan la Renta per capita más elevada de España, como acaba de hacer público el INE en una estadística del periodo 1995-2000. Cuando los datos no tienen en principio un carga de valoración clara, se incurre en interpretaciones curiosas: por ejemplo, ante las cifras de la encuesta de salarios, como las conocidas ayer, nunca es noticia lo que suben sino algo que todo el mundo sabe, es decir, que los salarios vascos son los más altos de España y la jornada más corta. Por cierto, ¿ es eso malo, cuando se tiene la productividad más alta y el modelo económico está demostrando que es totalmente viable con ello?. Finalmente, cuando el dato es negativo, entonces llega el delirio: se exprime hasta el infinito, se lleva a las portadas, llena las páginas de opinión ligera, y en suma se le dedica tanto espacio pronto a la fácil manipulación como poco esfuerzo a desentrañar su auténtico significado.

Ese es el caso de lo acontecido en la última semana con la inversión extranjera. No ha habido dato más mencionado que la drástica caida de la inversión extranjera en el primer semestre de 2002, casi todas las plumas interesadas en comentarlo, han servido para entonar el "ya lo decía yo", y ninguna ha tenido el más mínimo afán de saber qué siginificaba el dato en realidad. Claro, que este parece un mal de los tiempos que corren: si se recortan los documentos si se deslizan sesudas "equivocaciones", de esas que dicen Estado donde pone status, cualquiera sabe lo que puede llegar a pasar con con los números, con los que siempre es fácil soltar la cifra y decir que es una consecuencia directa de la causa que uno le venga en gana.

Este comentario, es una llamada de atención para abandonar esa línea y recuperar la seriedad, esto es, para tratar de esforzarnos en sustituir las arriesgadas conjeturas por la luz que se pueda obtener de los datos, al menos hasta el punto en que los propios datos lo permitan.

Y en verdad que este caso de la Inversión extranjera bien merece ese esfuerzo, porque enseguida veremos que se hace verdad aquello de que las estadísticas son como los bikinis, muestran mucho pero ocultan lo más interesante.Para empezar, el lector puede quedar seguramente soprendido al conocer que en el inmediato pasado se haya producido un "boom" de la inversión extranjera en Euskadi sin que esos sagaces comentaristas hayan dicho una palabra sobre el mismo. Agárrense porque la cosa es de enjundia: en 1999 la inversión extranjera alcanzó casi los 3000 millones de euros, es decir nada menos que un 8,2% del PIB, y en el 2000 la cantidad fue sólo ligeramente menor y supuso un 7,4% del PIB. Aquél a quien no le interesa saber qué pasa en realidad sino llevar el agua a su molino, seguro que comienza a hacer conjeturas con la vista puesta en la situación política, conjeturas que de seguro no llevan a ninguna parte. A mi por el contrario la reflexión que me asalta es ¿el impacto de esa inversión en la economía ha debido de ser formidable? ¿ Se ha percibido así en realidad? ¿ ha sido el Pais Vasco una nueva Irlanda? Porque la verdad, un 8% no llega al fenómeno irlandés pero es extraordinario en en sí mismo y en términos de la experiencia internacional, y sin embargo da la impresión de que no tiene debido reflejo en la evolución económica. Si lo ligamos con las tasas de variación del PIB, es verdad que ese fue un bienio de alto crecimiento, pero también que el apogeo del mismo se produjo en 1998, justamente antes de que comenzara el boom de la inversión foránea, y que en consecuencia se debería haber producido una auténtica explosión de la actividad económica.


 INVERSIONES EXTRANJERAS EN EUSKADI 
  Millones € y % PIB
    PIB Inversiones
totales
 %PIB Excluidas
Sociedades
de Gestion y
tenencia valores
 %PIB
 
 
 
 
 
 
1993
23.392
350,5
1,5
262,8
1,1
1994
25.105
247,3
1,0
245,9
1,0
1995
27.184
251,7
0,9
250,4
0,9
1996
28.843
428,5
1,5
428,3
1,5
1997
30.823
568,9
1,8
215,1
0,7
1998
33.659
704,4
2,1
697,6
2,1
1999
36.424
2992,7
8,2
926,2
2,5
2000
39.462
2939,8
7,4
461,9
1,2
2001
41.601
1981,8
4,8
301,5
0,7

 

 

En este punto la tentación de ver más allá del bikini se vuelve irresistible. Y así cuando examinamos el destino sectorial de las inversiones descubrimos un aspecto cualitativo fundamental, a saber: el supuesto boom inversor no se ha debido a inversiones directas en empresas no cotizadas, las genuinas inversiones que en el argot económico se denominan greenfields, sino al denominado "Grupo 15: Gestión de Sociedades y Tenencia de Valores", que no sabemos en que se han podido materializar en la práctica, pero que en principio pueden resultar totalmente equivalentes a las inversiones de cartera, excluidas del cómputo de estas estadísticas porque se asimilan a operaciones financieras. Cuando excluimos el Grupo 15, descubrimos que el "boom" nunca existió, y que el impacto de la inversión se queda en un máximo del 2,5% del PIB en 1999, porcentaje que de manera acorde con la coyuntura económica ha venido descendiendo desde entonces. Igualmente, nos damos cuenta de que la caida registrada en el primer semestre de este año se inscribe en esa misma tendencia, y que el grueso del descenso cuantitativo se debe a que han desaparecido las inversiones de tenencia de valores, que en igual periodo de 2001 eran de 720 millones de euros y en este año de un sólo millón.

Con estos detalles creo que avanzamos de manera substancial en la comprensión del posible impacto de la inversión extranjera. Aunque subsistan evidentes zonas de sombra en la estadística, y sin menospreciar la aportación de la inversión extranjera en el pasado y en el presente, creo que se puede seguir manteniendo la opinión de que los formidables resultados obtenidos por la economía vasca siguen siendo básicamente la consecuencia de un esfuerzo endógeno. Hemos recuperado niveles europeos de renta y empleo, no de la manera meteórica y desbordante con que lo ha hecho Irlanda, pero lo importante es que lo hemos hecho, y que nuestro futuro puede resultar aún más brillante cuando consigamos que la internacionalización de nuestra economía, que ya es un hecho en el comercio, se refleje también más en las inversiones.

Ahora bien, hay que acabar reconociendo que no llegamos a la verdad desnuda, el bikini sigue ahí, al menos en una de sus piezas. Y por ello, la pregunta estimulante es ¿ cuál es la verdadera naturaleza de esas inversiones de tenencia de valores, que como nube pasajera nos llegaron en el bienio 1999-2000? Como en la curiosidad por el sexo, cualquier pequeño esfuerzo para desvelar el misterio que subsiste valdrá más que las mil conjeturas extraeconómicas a las que los medios de comunicación dan rienda suelta con tanta facilidad.

 

20-12-2002

Alberto Alberdi Larizgoitia
www.economiavasca.net